AbainGoardia











{2009/07/03}   El país de las últimas cosas

ultimas-cosas_webEl país de las últimas cosas

Paul Auster

ISBN 978-84-339-2098-0

206 páginas

Anagrama

 

He mencionado anteriormente que In the Country of Last Things es uno de los tres mejores libros de Paul Auster en mi opinión, junto al recientemente reseñado Leviathan y The book of Illusions. Si te gustan las novelas distópicas (Distopia: Furuto oscuro, negro, pesimista …), es decir, si te gustan novelas como 1984 de George Orwell, Brave New World (Un mundo feliz en su traducción en castellano y Bai mundu berria en euskara) de Aldous Huxley, o Nosotros de Eugueni Ivanovich Zamiatin (tendréis que disculparme, pero no dispongo de ortografía cirílica como para poder escribir el título original ruso), ésta obra de Auster te va a cautivar.

La novela nos evoca una nación como la sociedad que recrean Films como Mad Max. La historia es la extensa carta que Anna Blume le escribe a su ex novio. Anna viaja a ese país maldito para seguir la pista se hermano reportero, quien fue enviado como corresponsal por su periódico y desapareció misteriosamente. Antes de partir, el redactor jefe del periódico, además de tratar de convencerla sin éxito para que no vaya, le explica su única pista, la del reportero que fue enviado para buscar a su hermano y que también desapareció.

En cuanto atraca el barco en el que viaja, Anna se percata inmediatamente de la realidad de esa sociedad: Ese país es el país de las últimas cosas. Todo lo que ve puede ser el último de su especie o clase (más tarde descubrirá que el barco que la ha transportado es el último que zarparía), las calles no mantienen su aspecto de un día para otro (o en menos tiempo aún), casi todas las casas son ruinas y las que hoy tienen tres plantas mañana pueden tener una única en el mejor de los casos, los zapatos que calzas pueden ser los últimos que lleves.

En esta sociedad maldita sus habitantes son espejo de ella. Los habitantes también pueden ser los últimos, muchos mueren de inanición a diario o por violencia. Pero también están las sectas y planificaciones para morir voluntariamente. Están las saltadoras, quienes se preparan para saltar desde los edificios, muchas veces siendo todo un espectáculo visual para quienes lo presencien. También están los corredores, quienes se preparan en un perfecto equilibrio de preparación física y ayuno extremo para correr a la máxima velocidad y distancia posible hasta morir de agotamiento. Y también están las clínicas para suicidarse, para quienes tienen dinero (otro recurso en desaparición), donde mediante inyecciones puedes tener una calidad de muerte en función a lo invertido.

Pero también están quienes sobreviven en esa sociedad y que buscan o tienen razones para seguir viviendo cada día.

Entre ellos tenemos a la gente sin escrupulos (sin contar a los escasos funcionarios de un gobierno desconocido para su sociedad), entre quienes por ejemplo están los especuladores extremos, que se presentan en una casa pidiendo su alquiler a los inquilinos, y que al día siguiente puede presentarse en el mismo edificio otro distinto pidiendo también el alquiler, ya que al no haber ya pruebas físicas de titularidad de la propiedad, las familias no pueden saber quien es el propietario real y mientras dispongan de dinero deben pagar si quieren seguir vivos entre cuatro paredes.

Pero también hay buenas personas, entre ellos os recolectores de chatarra, quienes buscan entre los escombros cualquier cosa vendible. Es aquí donde iniciamos el descenso a los infiernos de Anna, cuando se gasta sus últimas monedas en obtener la licencia de recolectora y en el carro para transportarlas.

El libro te conmueve, te vuelca el corazón. La novela nos relata como es la propia sociedad quien voluntariamente ha sucumbido, recordándonos un paisaje que tanto se temía como consecuencia de la eterna amenaza de guerra nuclear que atemorizaba en la época en que fue escrito. ¿Pero por qué no puede suceder? En mala dirección no vamos al menos, disponemos de centrales nucleares en constante amenaza (ya puestos, ¡felicidades PSOE! Con Garoña habéis incumplido vuestra millonésma promesa, aún me sorprende que haya quien confía en vosotros), cada vez creamos atascos más grandes en lugar de utilizar el transporte “público” (me niego a quitar las comillas mientras que no sean gratuitas), yendo para colmo una persona por coche en lugar de compartir, agujereando montes, edificando pistas y megatendidos eléctricos para inútiles trenes de velocidad absurda… Conmueve, todas nos podemos identificar con Anna y pensar que podríamos estar allí, pensando en como reaccionaríamos y si habría hueco para la esperanza.

Pero bueno, podéis estar tranquilas. Mientras no ocurra eso podréis seguir leyendo este buen libro, enchufando el aire acondicionado que daña al ozono y creyendo en la pseudodemocracia parlamentaria que decide por nosotras (y sin querer pensar en los poderes que por ahora legitiman estas pseudodemocracias).



Utzi erantzun bat

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