AbainGoardia











{2009/07/15}   Los forzados de la carretera

forzados_webLos forzados de la carretera

Tour de Francia 1924

Albert Londres

ISBN 978-84-96614-75-8

126 páginas

Julio de 2009

Melusina

Esto si que es una auténtica curiosidad. La editorial Melusina ha publicado unos cuantos títulos interesantes. Tienen dos colecciones principales, el primero de nombre UHF, donde han publicado obras como Teoría King Kong (Virginie Despentes), Devenir Perra (Itziar Ziga), el novísimo España es sobrenatural (escrito por las perpetradoras de la revista Mondo Brutto), El deseo homosexual (Guy Hocquenghem), y la colección [sic] de libritos de bolsillo, con obras como Teoría del bloom, Introducción a la guerra civil, La insurrección que viene (los tres escritos colectivamente bajo el pseudónimo Tiqqun o Comité invisible), La tragedia de España (Rudolf Rocker), Historia del automóvil, La fábrica de sueños (ambos de Ilya Ehrenburg). ¡Pues esta vez han tenido la idea de presentar en esta colección de nada menos que las crónicas de Albert Londres sobre el Tour de Francia de 1924!

Al parecer (no conozco su figura) Albert Londres es un más que reputado reportero de inicios del siglo XX y es considerado como uno de los pilares de este gremio junto a otros como Ryszard Kapuscinski y Joseph Kessel, bautizado como el reportero del infierno. Las razones de este sobrenombre van desde su primer reputado artículo, sobre el incendio de la catedral de Reims a manos de las tropas alemanas en 1914, hasta su trágico fallecimiento en el incendio y posterior hundimiento del paquebote Georges Philippar. Se sospecha que el paquebote sufrió un sabotaje de manos de na mafia indochina, objetivo de un presunto reportaje en ciernes de Londres. La fama de este hombre es lo que ha empujado a Melusina a publicar a modo de homenaje esta auténtica curiosidad.

Ahora que el Tour ha pasado su centenario encontrarnos con crónicas de sus primeros años nos retrotraen a otros tiempos, muy lejanos. El kilometraje (precisamente el Tour de 1924 marcó el record de la etapa más larga, ¡¡¡nada menos que 480 kilómetros que unían Les Sables d’Olonne y Baiona!!!), recorridos, normativa…

Albert no pudo describir en su totalidad lo que los ciclistas sentían a cada pedalada que daban. Nos explica como cruzaron los Pirineos, parte de las sensaciones de los corredores al subir cimas como el Tourmalet, Aspin, Galibier y otras que el Tour ha hecho famosas. Sólo quienes lo hemos hecho tienen la experiencia de poder escribir o describir en su totalidad lo que sentían. Si, cuando corría (patéticamente) en carreras, hubo dos años que seguí el Tour, y subí las cimas del Tourmalet (por la cara que han subido este año, y la que bajaron en la edición de 1924), Galibier (ambas caras) y el Alpe d’Huez. Son auténticos calvarios placenteros. Mientras te retuerces sobre la bicicleta echando los intestinos te da tiempo de ver en las famosas 21 curvas del Alpe d’Huez el nombre de los ganadores de etapa sobre ella; o como señalan orgullosos en el Tourmalet los seis kilómetros seguidos con rampas del 8% de media, o como los tres kilómetros finales pasada la estación de ski de La Mongie te llega a faltar oxígeno y lo que duele el sol; o, como me ocurrió cuando fuimos a ver el Tour de 1996, tener que parar en una cafetería para pedir bolsas de plástico, pues la nevada me dejó heladas las manos (¡aquel año pude ver nevar en Julio en el hemisferio norte!).

Todas estas penurias y muchas más las padecen los corredores, y muy especialmente los corredores de aquellos tiempos de un deporte en ciernes. Albert Londres recoge alguna, aunque no todas, pues su posición es la de quien sigue la carrera en coche, y al mismo tiempo desde ese privilegio es donde puede recoger parte de las sensaciones durante la misma carrera. Nos explica como a veces no tenían casi ni tiempo para dormir, pues llegaban a las diez de la noche, tras una etapa de veinte horas, y tenían que volver a arrancar de madrugada para hacer tanto tiempo. O como las carreteras de aquella época eran malísimas y como el mismo pavé del que ahora se enorgullece la París-Roubaix era un sufrimiento constante. O como los corredores para hacer semejantes burradas (solo así pueden explicarse etapas de veinte horas) se dopaban. O como las presiones comerciales de los organizadores conllevaban situaciones penosas, llegando hasta el abandono del vencedor del Tour de 1923 Henri Pelissier.

Libro entretenido y se lee en un suspiro.

PD.: El Tour de 1924 comenzó con 160 ciclistas y lo finalizaron 60 corredores, lo ganó Ottavio Bottachia con un tiempo de 226 h 18’ 21”, segundo Nicolas Frantz a 35’ 36”, tercero Lucien Buysse a 1 h 32’ 13” y Victor Lafosse fue farolillo rojo ¡¡¡nada menos que a 45 h 12’ 05”!!!



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