AbainGoardia











{2010/04/18}   Los debates de Putney

Los Debates de Putney

En las raíces de la democracia moderna

The Levellers

ISBN 978-84-937709-0-7

304 páginas

Enero de 2010

Capitán Swing Libros

Como ya he dicho recientemente, Capitán Swing Libros es una editorial muy reciente, pero en apenas dos años han editado títulos cuando menos llamativos. En este tiempo han demostrado tener buen gusto, no solo en la selección de títulos y autores, ni tampoco el haber abierto cuatro colecciones: Matrioska con temática feminista, Entrelineas sobre historia, economía y sociología, Polifonías para textos más literarios (del que ya hemos reseñado Américo Vespucio), e Historia profana de historia política, del que hablamos ahora con el presente volumen.

En estos dos años lo que más se ha dejado ver es la evolución de las colecciones y las buenas ideas desde el propio envoltorio. Si vemos los primeros cinco títulos tienen una estética muy similar: no se distingue apenas que sean de diferentes colecciones Florencia Insurgente de Maquiavelo, La Guerra campesina en Alemania de Friedrich Engels, La democracia urbana: una vieja historia de Henri Pirenne, ¿Por que no hay socialismo en Estados Unidos? de Werner Sombart e Imperialismo de Vladimir Ilich Lenin y John A. Hobson (los tres primeros de Historia profana y los dos últimos de Entrelineas). Sin embargo, a partir de su sexta publicación, La crisis económica 1929-1939 de Ch. P. Kindleberger marcó la nueva línea de Entrelineas del mismo modo que el libro sobre los debates de Putney que tenemos entre manos ha diferenciado Historia profana.

Pero vayamos al grano de una vez. Los debates de Putney se desarrollan en un contexto muy concreto: durante la Revolución Burguesa Inglesa del siglo XVII. Esta revolución se prolonga medio siglo, comenzando por el absolutismo extremo del rey Carlos I. Entonces existía el Parlamento, dividido entre el Parlamento Alto (o Cámara de los Lores) y el Parlamentu Bajo (o Cámara de los Comunes, quienes poseen riquezas pero no títulos, es decir, la naciente burguesía), pero no tiene apenas cometido. En 1642, tras no convocarla en décadas, el rey llama al Parlamento para darle cuenta de la nueva ley de impuestos: serán eximidos los Lores y como el pueblo llano no puede afrontarlos, será la burguesía quien tenga que afrontar los gastos de la Corte. Es así como se oponen rotundamente los burgueses y con Oliver Cromwell al frente estalla la primera Guerra Civil (1642-1645), siendo victoriosa para fortuna de los burgueses la recién creada New Model Army. No obstante, ni el rey ni los nobles están a favor de los cambios, y tras la fuga de su cautiverio, inicia la segunda Guerra Civil en 1648, que se prolonga durante un año hasta la ejecución pública del mismo rey Carlos I. Así se inicia la única República conocida por Inglaterra, dirigida tiránicamente por el propio Cromwell hasta su exilio en 1660 y el retorno de la monarquía de la mano de Carlos II. Se toma como final de la Revolución el reinado de Jacobo II (1685-1688), época en la que se instaura la Monarquía Constitucional.

Entre los ejes fundamentales de la Revolución está la abolición de la monarquía absolutista y el sufragio universal masculino (a años luz queda pensar en las mujeres). Estas proclamas se observan casi desde el primer minuto y prueba de ello son estos debates de Putney. Entre las guerras civiles, en 1647,los soldados de la New Model Army reclaman sus sueldos atrasados y aprovechan para reivindicar una nueva sociedad. Los oficiales también están interesados en promover reformas, y así un nutrido grupo de civiles y soldados se reúnen en la iglesia de Putney en la orilla opuesta al Parlamento del río Támesis para buscar el Acuerdo del Pueblo. En ella destacarán dos bandos opuestos: el liderado por los oficiales, que buscan reformas livianas en favor de un nuevo status privilegiado para ellos y la burguesía (de la que formaban parte); y civiles, soldados rasos y escasos oficiales por otro. Este bando fue llamado el de los Levellers (Niveladores), llamados así por sus rivales políticos, quienes los llamaban de ese modo despectivamente al acusarles de querer nivelar toda la sociedad a su más bajo nivel, definiéndolos incluso como anarquistas.

Se podría decir viendo su programa que tampoco iban tan descaminados. Hasta entonces solo tenían derecho a votar (y ser votados) aquellos hombres que tuviesen terrenos de cierto valor. Los oficiales buscaban mantenerlo reduciendo el valor de los terrenos para poder votar. Los Levellers buscaban el sufragio para todos los hombres, dejando a un lado las propiedades. Estas son las discusiones que se desarrollan en Putney.

Este libro se basa en las actas redactadas por el secretario de Sir Fairfax. Durante tres jornadas veremos sorprendentemente como ambos bandos se tratan de tu a tu, dejando a un lado los galones. Cromwell, quien al poco será el líder de la República, se postula como el moderador del debate pero en ciertas ocasiones demuestra su actitud y se aprovecha de su peso político para poner el debate en su favor cuando más agitado lo tienen los Levellers. Sobresale Henry Ireton, oficial del bando de Cromwell, quien será el mejor orador de esta “derecha”. Y entre los Levellers destacarán distintas figuras, como el abogado Walwyn, el soldado raso Sexby y el oficial Thomas Rainsborough, quienes defienden a capa y espada el sufragio universal.

Hay que decir que esta lectura tiene sus altibajos, como toda asamblea o reunión que se precie. La primera jornada es absolutamente soporífera pues, como hombres de su tiempo, se pasan más tiempo hablando de Dios y de su palabra que las verdaderas razones que les han llevado a reunirse.

En la segunda jornada el debate se torna más interesante, pues vemos a un Ireton muy inspirado enfrentarse a varios que no le van a la zaga. Y en la tercera jornada los encontraremos leyendo el borrador de lo que pretende ser el Acuerdo del Pueblo, una especie de Constitución, que se verá repetidamente interrumpida por discrepancias.

El libro concluye con los resultados del debate y la suerte de sus protagonistas, a saber, que se propone una Constitución moderada, que Cromwell liderará la nación una vez ejecutado Carlos I, y que los Levelleres serán reprimidos. Prueba de ello es el anexo incluido, el Acuerdo del Pueblo firmado por cuatro Levellers en su cautiverio en la Torre de Londres, donde entre otras cosas, reivindican el sufragio universal masculino además de reclamar elecciones de manera anual y que ningún candidato pueda ser elegido dos veces seguidas a fin de evitar la corrupción.

Bastante avanzado para la época, pero bueno, no es que digamos que me atraiga en exceso. Resulta más interesante el sector más extremo de estos, los True Levellers o Diggers (Cavadores) que en todo el libro son mencionados una única vez. Los más pobres, son firmes detractores de las reformas agrarias y con el clérigo presente en los debates Gerrard Winstanley al frente, reivindican la colectivización de tierras y de la Naturaleza, repartiendo campos con tal fin, y llamando a la constitución de un Gobierno comunal-asambleario. Estos fueron reprimidos tan rápido como los Levellers.

Este cuidado libro tiene un último detalle. Al igual que el resto de libros de la editorial, busca aleccionar hasta el final, y así nos encontramos como en su última página siempre aparece una efeméride relacionada de algún modo con el libro en cuestión. En este caso, impreso el 21 de Enero de 2010, nos recuerda tal día como aquel en 1790 la Asamblea Constituyente francesa proclamó la igualdad de toda la ciudadanía ante la ley (otra cosa es la realidad).



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