AbainGoardia











{2010/09/18}   Loiolako hegiak

Loiolako hegiak

Imanol Murua Uria

ISBN 978-84-9783-824-5

316 páginas

Marzo de 2010

Elkar y Berria

 

El conflicto político vasco da para mucho, y más que dará en tanto se siga eternizando. En los últimos años se ha hablado mucho del proceso negociador de 2006 entorno al alto el fuego del mismo periodo. Se ha dicho mucho, el Gobierno Español no ha dejado de soltar mierda sobre la actitud de ETA y más aún sobre la izquierda abertzale, los jeltzales sostenían un discurso similar especialmente mientras siguió Josu Jon Imaz como líder, al tiempo que el Partido Popular ha hecho lo indecible por soltar mierda radiactiva sobre el gobierno, en tanto que los interlocutores y militantes de la izquierda abertzale han sido detenidos, encarcelados y juzgados por querer hacer política. Los de siempre han querido tapar esa época con un manto de silencio, más aún desde que con una más que cuestionable legalidad (que no legitimidad) accedieron a la Lehendakaritza (es así como se ha pagado a los jeltzales por los servicios rpestados). Quien diría que Rodolfo Ares ha pasado del villano que dialogó con la izquierda abertzale y que incluso se sentó por ello en el banquillo, sea ahora el admirado y más fotogénico Consejero de la porra, digo, Consejero de Interior.

El alto el fuego declarado por ETA en marzo de 2006 tuvo un largo recorrido detrás y es así como el libro (Loiolako hegiak, que juega con las palabras, pues la traducción literal es “Los filos de Loiola”, pero que hace alusión a la palabra egia, sin hache, que significa “verdad”) nps explica absolutamente todo, o casi. Es así como nos explica que sobre el año 2000 el portavoz de la izquierda abertzale Arnaldo Otegi comienza a hablar discretamente con el entonces parlamentario y posterior presidente de PSE-EE Jesús Egiguren, conocidos desde hace tiempo, en el caserío Txillarre de Elgoibar. Es allí donde comenzarán a cocinar los ingredientes que llevarían a las negociaciones de Loiola.

Imanol Murua nos cuenta como esos primeros pasos fueron de lo más positivos para ambas partes, si bien no se imaginaban que fuesen a tener semejante repercusión, pues hay que recordar que cuando se reúnen, es el Partido Popular quien dirige el gobierno con mayoría absoluta. Las tornas cambian drásticamente en las elecciones generales de Marzo de 2004, cuando las tornas cambian y el PP pierde el gobierno por empeñarse en mentir a la población diciendo que los atentados de Madrid tres días antes de los comicios tuvieron la autoría de ETA, trayendo el retorno de los “socialistas” al poder. La izquierda abertzale ahora está hablando con el partido que gobierna el Estado. ETA hace suyos los avances realizados por ambos bandos y comienza a negociar por su lado con el Gobierno, siguiendo la propuesta de Anoeta de mantener dos mesas de negociación paralelas e independientes, y es así como llegan a acuerdos mínimos de los pasos a dar, incluyendo el conocido alto el fuego declarado de ETA el 22 de Marzo de 2006.

No obstante, el Gobierno no asume sus responsabilidades y lo primero que hace es encarcelar a Arnaldo Otegi, interlocutor y artífice de la nueva situación, cuando el gobierno había acordado con la organización armada la ausencia de represión sobre la izquierda abertzale (sobre la izquierda abertzale, no ETA).

Pasa el tiempo, apenas hay movimientos y mediante comunicados ETA afirma que el recién iniciado proceso está en crisis, y comienzan los rumores. Se llega a finales de Junio y es cuando el presidente Zapatero da su conocido discurso en los pasillos del Congreso de los Diputados. Una vez más se denuncian los incumplimientos de los acuerdos, pues el borrador acordado por ambas partes establecía dónde debía hacerse la intervención (y en absoluto se dijo que se hiciese en un pasillo) y qué se debía decir (ninguna de las dos partes habló en su día de respeto a la Constitución ni al marco legal vigente).

Nuevamente el verano transcurre sin avances y así se tratan de buscar movimientos, que llevarán a Loiola. Tanto el PSE como la izquierda abertzale invitan al PNV a participar, poniendo una única condición: el lehendakari Juan José Ibarretxe no es un interlocutor válido.

Además de estar muy bien documentado el libro, se basa en un pilar fundamental: las entrevistas que el reportero hace a tres de los protagonistas de estos encuentros: Arnaldo Otegi (quien había sido liberado poco antes del inicio de las mismas), Jesús Egiguren e Iñigo Urkullu (entonces presidente del Bizkai Buru Batzar del PNV y actual presidente de Euzkadi Buru Batzar). Son muy interesantes las reflexiones y autocríticas de los tres, incluso cuando no se dan la razón y parecen cruzarse los diálogos.

La clave del seguimiento de las negociaciones de Loiola reside en la documentación hasta la fecha no publicada de los distintos borradores que se utilizaron aquellas jornadas. Es así como se puede ver que en la octava sesiónse tocó un acuerdo con la punta de los dedos, acordándose entre otras cosas la defensa de todas las opciones políticas o los lazos de unión tanto de la CAV como de Nafarroa. Donde había pasos atrás por parte de la IA, había avances significativos por parte del PSE. Al final de la misma quedaron en llevarlo cada uno a su partido para que lo apoyaran.

Sin embargo, en la última jornada se enturbian las cosas. La IA avisa días antes con honestidad que propondrán hacer varios matices. Entre ellos destacan sobre los lazos en común de la CAv y Nafarroa, el plazo de dos años que proponen para consultar sobre la unión de ambas comunidades autónomoas; y donde se defienden todas las opciones políticas, proponen que se digan explícitamente tres ejemplos: autonomía, federalismo o independencia.

Imanol Murua da las razones mediante una interesantísima reflexión sobre estos cambios. Sobre el último en concreto, nos recuerda como la misma Constitución Española dice que todas las opciones políticas son defendibles, al mismo tiempo que su famoso octavo artículo (creo recordar que es el octavo) fija a las Fuerzas Armadas como garantes de la indivisibilidad del Estado. Es decir, que si se da la opción de la independencia de algún territorio, el ejercito puede presentarse allí para impedirlo.

El PSE, ante las matizaciones que van a llegar, presenta su contrapropuesta a la baja, cambiando ciertos verbos (u omitiéndolos) con lo que se alteraba el significado de importantes oraciones, además de pedir la defensa del marco autonómico.

Entretanto por fin se reunen ETA y el Gobierno del que no sale nada claro, dejando caer la organización que si no había movimientos serían ellos quienes se movieses. Así, el 30 de Diciembre de 2006 ETA hace estallar una potentísima bomba en el aeropuerto de Barajas, sin haber roto la tregua aún.

La situación se bloquea totalmente, los partidos no se vuelven a reunir y el Gobierno se niega a hablar con ETA. Tras meses y por instancias internacionale, se reanudan unas negociaciones de emergencia en Ginebra, llegando a momentos realmente esperanzadores, cuando la IA acepta un borrador de Egiguren que rechazan inmediatamente los propios socialistas, y las negociaciones se rompen definitivamente. En Junio de 2007 ETA anuncia el final de la tregua y a los dos días el Gobierno vuelve a encarcelar a uno de sus interlocutores, Arnaldo Otegi, a quien el propio Zapatero llamó “hombre de paz”.

Las entrevistas a los tres protagonistas no tienen solo un gran valor por lo grande acontecido. Las anécdotas son divertidas. Y no se como lo hizo el hombre, pero Rodolfo Ares es el protagonista de las más cómicas. Otegi recuerda que mientras Egiguren se sentía capaz de tomar decisiones de manera autónoma, Ares vivía pegado al teléfono preguntando por todo a Madrid. Y el propio Egiguren se ríe a costa de su compañero. Cuando comenzaron las negociaciones, El Correo (¿quién si no?) filtró interesadamente el inicio de las mismas, asegurando que eran en Elizondo. Al parecer, sus nulos conocimientos de Euskara dieron como conclusión que la referencia a “eliza ondoa” (“junto a la iglesia”, en referencia al monasterio de Loiola) era el pueblo navarro de Elizondo. La noticia estuvo jocosamente en boca de los negociadores la misma jornada hasta que se quedaron de piedra cuando Ares preguntó donde demonios estaba Elizondo. “¡Teníamos de negociador a uno que ni siquiera sabía donde estaba Elizondo!” recuerdan tanto Egiguren como Otegi.

Ahora que hay un nuevo periodo tras la última declaración de ETA, es interesante echar un vistazo atrás con este libro, aún teniendo ambas situaciones un mismo ingrediente que detesto: que semejante debate político quede en manos exclusivamente de los dirigentes políticos en tanto que no se abre un debate social entre la ciudadanía.

Para quien tiene dificultades con el Euskara, voy a recordar que a los pocos meses se ha publicado la traducción de esta obra, bajo el título de El triángulo de Loiola.



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