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{2011/03/06}   A partir de ahora llamadme Tania

A partir de ahora llamadme Tania

Crónica de una guerrillera simbiótica

Anne Williams

ISBN 978-84-937467-3-5

232 páginas

Diciembre de 2010

Ediciones La Felguera

 

Ediciones La Felguera se ha especializado en publicar la historia de los grupos contraculturales y armados anglosajones de los 60 y 70. No olvidemos su primer título Días de furia, que era un resumen cuantitativo de todos ellos. Posteriormente llegarían los títulos específicos de varios de ellos: Motherfuckers, Angry Brigade…

Esta vez vienen con uno de los grupos armados más raros que han existido: Symbiones Liberation Army (SLA), Ejército Simbiótico de Liberación. Pese a afirmar tener detrás toda una infraestructura complea (Tribunal Popular, Federación de Naciones Simbióticas…), no llegaron a pasar de la docena de militantes, y aún así fueron capaces de poner en jaque al FBI y al Estado, lo cual no es precisamente moco de pavo.

El grupo surgió en 1973 y desapareció, víctima de la implacable represión, a finales de 1975. Como hemos dicho en tan poco tiempo pusieron al poder en serios aprietos. Dos acciones harán que sean recordados por la historia. Su primera acción fue la ejecución del doctor Marcus Foster, uno de los mayores responsables de la red de universidades de Oakland. Le imputaban el diseño de las medidas de control social que se estaban instalando en los recintos universitarios. Como consecuencia de las pesquisas posteriores serían detenidos dos militantes, Russell Little eta Joseph Remiro. Esta caída no podía quedar sin respuiesta a ojos del SLA y prepararon una nueva acción, la que les haría conocidos.

En febrero de 1974 secuestran a Patricia Campbell Hearst (Patty Hearst). Patty Hearst era la nieta de William Randolph Hearst, el todopoderoso magnate de los medios de comunicación (el mismo en cuya figura se inspiró Orson Welles para filmar su magistral Citizen Kane). Pero no la raptaron solo por ser la nieta de esta figura. Una de las razones del SLA fue que su propia madre también era una de las impulsoras del control social universitario desde su puesto en las juntas de gobierno universitarias.

Una de las principales peticione para la liberación de Patty (los comunicados del grupo eran entregados en cintas a diversas emisoras de radio libres) fue la entrega de cuatro millones de dólares en comida a los más necesitados de California. Pero el padre de Patty anduvo perdiendo el tiempo tratando de negociar (ofreciendo dos millones en lugar de cuatro, diciendo que no eran ricos…). Y a la hora de distribuir los alimentos lo organizaron tan mal (las imágenes televisivas de los tumultos habidos en el reparto de Oakland fueron espectaculares) que encolerizaron a Patty Hearst.

Si en las primeras cintas se la podía escuchar esperanzada, a partir de ese suceso hay un cambio en su persona. No solo se puso a favor de sus captores, se hizo un miembro más del SLA. Tal y como se la oiría en aquella cinta, afirmaba que Patty Hearst había muerto, y que desde entonces debían llamarla Tania, en homenaje a la guerrillera alemana que luchó con ewl Ché Guevara hasta la muerte de ambos en Bolivia.

En abril atracan el banco Hibernia y las cámaras de seguridad captaron las imágenes que darían la vuelta al mundo hasta hoy, en las que se puede ver perfectamente a Patty Hearst fusil en mano participando en el robo. En las imágenes dedujeron en el FBI que se la veía segura y que ninguno de sus acompañantes la apuntaba, por lo que estaba allí por su propia voluntad.

Durante meses siguió el FBI en sus pesquisas y finalmente fueron localizados en septiembre en una casa de Oakland. Tras un intensísimo tiroteo de una hora se incendia la casa y seis miembros del SLA morirían allí carbonizados. Patty Hearst lograría escapar milagrosamente. Un año después sería capturada junto a otros miembros del SLA después de haber cometido algún atraco más, resultando muerta una vigilante de seguridad en uno de ellos.

Patty fue juzgada con el resto de miembros del grupo y para intentar lograr su inocencia aseguró haber estado completamente drogada y obligada a continuas relaciones sexuales. Finalmente fue condenada, liberada por la administración de Jimmy Carter e indultada en las últimas semanas del mandato de Bill Clinton.

La historia de este curioso grupo armado es explicada aquí del modo más interesante posible: mediante la transcripción de las cintas que ellos mismos difundieron. ¿Hay algo mejor que eso?

El libro se lee deprisa, muy deprisa. Aún más si treinta páginas son imágenes del atraco de Hibernia, demasiadas en mi opinión, y pixeladas para más inri. Pero ello no le resta interés al libro.



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